La Ley de Moore establece que la cantidad de transistores en un procesador se duplicará cada 18 meses, aumentando la potencia de procesamiento de las computadoras. Por ahora, esta ley cumple con los estándares actuales, pero según el físico Michio Kaku, quien participó en la Campus Party 2012, no debería durar más de una década.
Kaku explica que el uso de silicio establece una barrera porque el tamaño de los componentes de un procesador empieza a ser demasiado pequeño. Hoy en día, es posible utilizar capas de 20 átomos de largo en un procesador. Pero cuando lleguemos a cinco átomos, no podremos hacer frente al sobrecalentamiento del chip, y mucho menos a los efectos de la teoría cuántica, que dificultaría predecir el comportamiento de los electrones.
Una de las soluciones señaladas por el físico ya fue desarrollada por Intel y se trata de circuitos integrados tridimensionales. En lugar de llevar la energía a través de un solo canal y siempre de forma horizontal, los chips se pueden apilar y el procesamiento también se realizará de forma vertical, lo que permitirá a los procesadores realizar más cálculos simultáneamente.
Sin embargo, con el tiempo, esta técnica utilizada para eludir las limitaciones físicas también fallará, y en ese momento solo tendríamos que deshacernos del silicio para siempre.
Los procesadores del futuro
Para superar de una vez por todas estas limitaciones y abandonar la ley de Moore, debemos pensar en otras arquitecturas informáticas, con procesadores moleculares o, quién sabe, cuánticos.
Los procesadores de tipo molecular usarían transistores hechos de moléculas que serían manipuladas para comportarse como una válvula. Aunque este tipo de molécula ya existe, actualmente los ingenieros están estudiando la manera de hacer posible la producción en masa de estos circuitos. Debido a que las moléculas eran demasiado pequeñas, los chips no se podían producir de la misma manera que los chips actuales, con fotolitografía.
Además, en un futuro muy lejano, podríamos apostar nuestros chips a procesadores que aprovecharían la física cuántica para calcular datos. Sin embargo, un problema lejos de resolverse se refiere a la interferencia que otros objetos del mundo real podrían causar en este tipo de cálculo. Sería una pena perder el tratamiento cada vez que un avión sobrevuela tu casa o alguien estornuda en la misma habitación donde está la máquina.
Por ahora, parece que la única alternativa que tenemos es sortear las limitaciones físicas e invertir en procesamiento tridimensional.
Fuentes: piensa en grande