El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha desarrollado un material que puede repeler líquidos con mayor eficacia que la mayoría de las superficies comunes. La investigación comenzó hace 6 años.
En ese momento, los científicos llegaron a la conclusión de que pequeños surcos en una superficie, apenas perceptibles para nuestros ojos, podrían ayudar a romper la forma y la simetría de una gota de agua cuando retrocede después de un impacto. Esto aumenta la velocidad a la que el líquido se aleja de la superficie y reduce el tiempo de contacto entre los dos en aproximadamente un 40 %.
El hallazgo es particularmente útil en los casos en que los líquidos chocan con frecuencia con estructuras grandes, como ocurre entre la lluvia y las alas de los aviones o las palas de las turbinas eólicas. Bajo la acción del viento, estas superficies tienden a volverse muy frías. Cuando las gotas de lluvia entran en contacto con ellos, se enfrían y congelan rápidamente. Y la acumulación de hielo en las alas de un avión puede representar un grave riesgo para su estabilidad.
Cómo el MIT perfeccionó el método

Sabemos que cuando el agua golpea una superficie, se expande tanto como sea posible antes de retraerse. Por lo tanto, a los investigadores se les ocurrió la idea de utilizar ranuras ligeramente cóncavas. De esta forma, las gotas tienden a esparcirse sólo en los bordes de las ranuras antes de ser repelidas. La forma cóncava de las ranuras permite minimizar aún más este tiempo de retracción de las gotas de agua.
Por supuesto, la eficacia de esta estructura dependerá del tamaño de las gotas de agua a las que se vea sometida. Pero en términos generales, funciona mejor que una superficie sin surcos.
Finalmente, la invención puede resultar útil no solo para reducir la formación de hielo en aviones o palas de aerogeneradores, sino también para recubrir materiales impermeables.