«El problema planteado por mi cerebro fue respondido por los cielos brillantes de Brasil». el comentario es de Albert Einstein (1879-1955) y se realizó con motivo de la visita del célebre científico alemán a nuestro país.
Para sorpresa de quienes pudieran pensar que no tiene nada que ver con Brasil, sepamos que el intelectual estuvo allí dos veces en 1925 y se fue con impresiones encontradas del país.

Cuando evoca el cielo del país, Einstein se refiere a un experimento realizado en la ciudad de Sobral, en el interior de Ceará. En una época en que la ciencia todavía está naciendo aquí, investigadores brasileños registraron un eclipse solar.
Durante este fenómeno se comprobó que la gravedad del Sol era capaz de desviar la luz emitida por las estrellas. Esto confirmado de una vez por todas teoría de la relatividad general.
Es en la atmósfera de este descubrimiento que Einstein vino a Brasil por invitación de la comunidad judía. El 21 de marzo de 1925, el célebre físico hizo escala en Río de Janeiro, entonces capital del país, y aprovechó para visitar el Jardín Botánico y pasear por el centro de la ciudad.
Pero la escalera fue rápida, y por la tarde se embarcó rumbo a su destino final, pues en ese tiempo el científico se dirigía a la Argentina a dar una serie de conferencias. Allí permaneció un mes y también viajó a Montevideo, Uruguay.
Visita a Brasil
Pero durante el viaje de regreso a Europa, el alemán aprovechó para hacer otro viaje a tierras tupiniquines. Esta vez, la invitación se extendió a una semana entera. Einstein aterriza de nuevo en Río el 4 de mayo.
La agenda del intelectual estaba repleta. El mismo día que llegó dio una entrevista y al día siguiente cabalgó hasta Pão de Açúcar. El 6 de mayo se dedica a los actos oficiales.
Einstein se reunió con el entonces presidente de Brasil, Arthur Bernardes (1875-1955), y visitó a los ministros alcaldes. Al final del día, se dirigió al Club de Ingeniería, donde dictó su primera conferencia en el país, sobre la teoría especial de la relatividad.

Pero el evento no salió muy bien. Según los informes, la conferencia fue gratuita y abierta, sin límite de capacidad. Debido a la fama de Einstein, quien en ese momento ya era premio Nobel, muchos profanos decidieron informarse sobre la fama.
Al final, salvo unos pocos, los que asistieron no sabían ni idiomas ni física. Además, la multitud y el calor cansaron al pensador alemán, como luego reveló en cartas.
Hablando en francés a esta audiencia, hubo muchas dificultades de comunicación. Incluso los ilustres políticos, militares, médicos y abogados de la época no fueron capaces de comprender las ideas de Einsteintareas que todavía representan un desafío para muchos especialistas en la actualidad.

Al día siguiente del evento estaba prevista una visita al Museo Nacional, importante centro científico en una época en que se le daba poca importancia a la ciencia. Einstein fue recibido por el director del museo y visitó las exhibiciones de geología y antropología.
El mismo día, participó en un evento organizado por la Academia Brasileña de Ciencias (ABC), el organismo científico más prestigioso del país en ese momento. La sesión fue inaugurada con conferencias impartidas por otros investigadores brasileños.
El científico recibió el diploma de corresponsal de ABC -otorgado también tiempo después a Marie Curie y Paul Langevin- y habló al final. Esa noche se creó el Premio Albert Einstein, que anualmente celebra el mejor trabajo científico presentado a la academia.

Al día siguiente tuvo lugar otra conferencia, ésta en la Ecole Polytechnique. Dado el desastre del anterior, esta vez hubo limitación de vacantes. En ese momento, Einstein anunció resultados preliminares que conducirían a la futura confirmación de la existencia de fotones.
Durante su estancia también visitó el Hospital Nacional del Demente, la Fundación Oswaldo Cruz y el Observatorio Nacional, y participó en eventos organizados por la Embajada de Alemania y la colonia Israelí. El 12 de mayo salió de Brasil y Sudamérica.
Aquí en casa, la visita del intelectual marcó una comunidad científica aún en construcción. Descubrimientos como el de Sobral ya revelaron el potencial intelectual brasileño, que iba a florecer en el escenario académico actual.
Einstein, como otros nombres ilustres de su tiempo, estaba comprometido con la divulgación del conocimiento científico, y no fue diferente cuando se aventuró en la tierra del cielo luminoso.